Una respuesta bien escrita puede contener fechas incorrectas, referencias inexistentes o conclusiones que la fuente no respalda. Para utilizarla con criterio, separa lo que puedes comprobar de lo que solo suena plausible.
Convierte la respuesta en afirmaciones revisables
Subraya nombres, cantidades, fechas, requisitos y relaciones de causa. No necesitas verificar cada adjetivo: empieza por los datos que cambiarían tu decisión. Si vas a comprar un accesorio, la compatibilidad importa más que una descripción general de su diseño.
El NIST incluye la confabulación entre los riesgos de la IA generativa. Que un modelo responda con seguridad o añada un enlace no garantiza que la afirmación sea correcta. Pedir una fuente es el comienzo de la comprobación, no su final.
Abre las fuentes y busca el dato exacto
- Comprueba que la página o documento existe y pertenece a quien se cita.
- Localiza el pasaje que sostiene la afirmación, no solo una frase parecida.
- Revisa fecha, versión, país y modelo al que se aplica.
- Busca excepciones o condiciones que se hayan omitido en el resumen.
Para software y productos, prioriza documentación del fabricante y notas de versión. Para una cifra, busca la tabla original y sus unidades. Si el enlace no sostiene el dato, marca la afirmación como no verificada aunque el resto de la respuesta sea útil.
Recalcula los ejemplos
Vuelve a hacer operaciones con una calculadora o una hoja de cálculo. En conversiones, escribe las unidades en cada paso. En una lista de requisitos, contrasta cada punto con la versión que realmente utilizarás. Estos controles pequeños suelen descubrir errores que una segunda lectura rápida pasa por alto.
Decide qué hacer con lo que no puedes verificar
Elimina el dato, reformúlalo como una hipótesis o deja la tarea pendiente. No lo conviertas en hecho por repetición. Consultar otro modelo puede aportar pistas, pero dos respuestas coincidentes no sustituyen una fuente independiente.
Si publicas, guarda los enlaces y la fecha de revisión. Explica cuándo el texto se basa en documentación y cuándo hay una prueba propia. Esa distinción permite al lector valorar la información sin atribuir al autor una experiencia que no ha tenido.
